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Lolla Chicago Día 4: La última vuelta por Grant Park

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Por Juana Dufour

Si alguien pensó que después de la lluvia del sábado el festival iba a bajar un cambio, pasó exactamente lo contrario. El domingo fue un caos (del bueno) y dejó algunos de los mejores shows de toda la edición.

Con el barro todavía haciendo de las suyas y miles de zapatillas oficialmente arruinadas, Grant Park abrió sus puertas por última vez. Pero cuando hay buena música, nadie mira el pronóstico: el público volvió a llenar Lollapalooza Chicago para despedir cuatro días que mezclaron pop, hardcore, indie, electrónica y hasta J-pop.

 

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Uno de los primeros grandes momentos llegó con MUNA, que convirtió la tarde en una fiesta colectiva. El trío estadounidense confirmó el gran presente que atraviesa con un show donde convivieron canciones de su último material con clásicos como «What I Want», «Silk Chiffon» y «Dancing On The Wall». Coros a todo volumen, baile de principio a fin y una energía que hizo olvidar, aunque fuera por un rato, que el piso seguía siendo prácticamente un pantano.

 

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La tarde también tuvo uno de sus momentos más pop con JADE. La ex integrante de Little Mix sigue consolidando su carrera solista y lo dejó claro con una presentación llena de personalidad, coreografías y un público que acompañó cada tema. Canciones como «Angel of My Dreams», «Fantasy» y «Plastic Box» demostraron que esta nueva etapa tiene identidad propia y que JADE ya no necesita presentación.

 

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Después fue el turno de Hot Mulligan, la banda estadounidense que hoy es una de las grandes referentes del emo moderno. Pogos, crowd surfing y un público completamente entregado acompañaron temas como «Equip Sunglasses», «And A Big Load» y «Featuring Mark Hoppus», transformando su show en uno de los más intensos del domingo.

 

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Y hablando de bandas con ADN Lollapalooza, Turnstile volvió a demostrar por qué es uno de los nombres más importantes del rock actual. La banda de Baltimore reunió una de las multitudes más grandes del día y convirtió el Bud Light Stage en un enorme pogo colectivo. Canciones como «BLACKOUT», «HOLIDAY», «I CARE» y «SEEIN’ STARS» desataron una energía pocas veces vista durante el fin de semana. Cada vez convocan más gente, cada vez generan más expectativa y cada vez parece más raro que no estén encabezando un escenario principal.

 

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Del otro lado del predio, Adela demostró por qué es una de las nuevas promesas del pop. La cantante ofreció un show cargado de actitud, una puesta en escena magnética y un repertorio que hizo cantar al público desde el primer tema. Canciones como «Superstar», «Machine Girl» y «Homewrecker» confirmaron que su propuesta mezcla pop, rock y una estética irreverente que la convierte en una de las artistas más interesantes de la nueva generación.

 

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Pero la gran revelación del cierre probablemente fue Ado. La artista japonesa, famosa por mantener su identidad en el anonimato, presentó uno de los shows más originales de todo el festival. Detrás de una enorme pantalla LED que apenas dejaba ver su silueta, combinó visuales impactantes, lanzallamas, una banda en vivo y un repertorio que pasó por canciones como «Usseewa», «Show», «New Genesis» y «Odo». Miles de fans acompañaron cada tema agitando glowsticks, creando una postal que parecía salida de un festival en Tokio.

Mientras tanto, Tate McRae volvió a confirmar por qué es una de las grandes figuras del pop actual. Con una producción imponente, coreografías precisas y un público que no dejó de cantar, fue una de las encargadas de despedir esta edición de Lollapalooza Chicago. Al mismo tiempo, The xx ofreció un cierre completamente diferente: íntimo, elegante y atmosférico, demostrando que un festival también puede terminar bajando las revoluciones.

 

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Entre un escenario y otro, en Le Banana también aprovechamos para recorrer Grant Park y hablar con los asistentes. Les preguntamos cuál había sido la mejor performance del fin de semana, si preferían Lollapalooza de día o de noche y en qué se habían inspirado para crear sus looks. Las respuestas fueron tan distintas como los outfits: algunos llegaron inspirados en sus artistas favoritos, otros apostaron por la comodidad para sobrevivir cuatro días de festival y muchos simplemente buscaron un look que estuviera a la altura de la ocasión. Porque si algo quedó claro durante esta edición, es que en Lollapalooza la música y la moda siempre van de la mano.

 

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Con el último acorde sonando sobre Grant Park, quedó claro que Lollapalooza sigue haciendo algo mejor que casi cualquier otro festival: reunir artistas que, sobre el papel, parecen no tener nada que ver… hasta que los ves compartiendo el mismo fin de semana.

 

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El resultado fueron cuatro días de descubrimientos, favoritos confirmados, zapatillas embarradas y esa sensación de querer volver apenas salís del predio. Porque sí, el barro se va. El FOMO tarda un poco más.

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