Por Catalina Greloni
La banda legendaria cerró anoche la última fecha de tres en la Argentina en el River Plate, dentro de la gira Power Up Tour. Las tres funciones de Buenos Aires en marzo, completamente agotadas, dejaron recuerdos de un espectáculo único y una prueba de que el rock puede ser energía y longevidad.

En una noche húmeda de luna llena y un tanto aplastante, el estadio Mâs Monumental en Núñez se empezó a llenar desde temprano con fanáticos de todas las edades que habían comprado su entrada el año anterior para el último show de tres fechas completamente agotadas. Pero esta no fue una fecha cualquiera, sino el cumpleañitos a gran escala del mismísimo Angus Young.

Luego de las presentaciones estelares de Eruca Sativa y The Pretty Reckless, el grupo estadounidense de hard rock liderado por Taylor Momsen, conocida por Gossip Girl y El Grinch, llegó el turno de la banda británica australiana de más de medio siglo de trayectoria, que volvió a hacer lo suyo sin sorpresas ni artificios. El grupo integrado por Brian Johnson, el sobrino de Angus, Stevie Young, Chris Chaney y el baterista Matt Laug tocaron rock & roll, puro y duro, en una noche de lujo y acompañados por más de 70 mil fans que formaron parte de una experiencia única e irrepetible.

Steve Angus Young salió al escenario, como siempre, vestido de escolar, de blazer de terciopelo verde inglés, bermudas, zapatillas Reebok Freestyle Hi y cap rayado con los colores de la bandera de Jamaica, para rápidamente improvisar unos pasitos y pataditas al mejor estilo Chuck Berry en “If You Want Blood (You Got It)”, para seguir con “Back In Black”, uno de sus mayores éxitos.

El setlist se mantuvo en relación a las dos noches anteriores en River, aunque el repertorio se vio marcado e interrumpido entre canciones por fans que le cantaban a Angus el cumpleaños número 71 y el clásico «Olé olé”. Cada canción se transformó en una aplanadora de rock and roll con los gritos al frente de Brian Johnson, los solos de guitarra por parte de Young, destreza física, en una noche de sudoración extrema y riffs pesados. Para “Hells Bells”, hicieron descender una campana gigante desde el medio del escenario, en “Shot in The Dark” Angus improvisó solos de guitarra con el corbatín escolar recién quitado e hicieron temblar el estadio con “Highway To Hell”.

Para el final, Angus se guardó un solo de guitarra de más de veinte minutos luego de “Let There Be Rock”, donde interactuó con el público, se trepó a una plataforma que lo elevó del suelo y desde donde se tiró al piso para seguir matando a la guitarra. Para los bises, AC/DC se guardaron ingredientes del plato fuerte con “T.N.T” y “For Those About To Rock (We Salute You)”. Mientras este señor de 71 años recién cumplidos, algunos entre el público elongábamos y repasábamos dolores musculares de dos horas de pogo inédito.
