STYLE

La movida slow fashion porteña

14 Noviembre 2019

Por Josefina Martínez

En tierra de Greta Thunberg, el término Köpskam refiere a la “vergüenza a comprar” y llama a frenar el consumo desmedido en pos del rescate del medioambiente. Con el impulso del activismo centennial, los formatos slow fashion llegaron al mundo para quedarse y Buenos Aires no es la excepción. La moda consciente está floreciendo y en Le Banana te presentamos varios proyectos que lo evidencian.

NEWDRESS RENT

La premisa de Romina Pigretti habla de democratizar el lujo a través de una nueva forma de consumo sustentable. El nuevo proyecto de la empresaria de la moda incluye etiquetas deluxe como Prada, Ganni, The Attico, Saint Laurent y Mc Queen, que cuelgan de sus percheros en Palermo. Como su nombre lo indica, propone que nuestro próximo look sea uno de estreno, pero rentado.

“Estaba de viaje, lo vi primero en París, después en Londres y dije, ¿por qué no? Decidí empezar por vestidos porque me parece un ítem clave y donde cuesta mucho encontrar piezas únicas.” Bags, cocktail, party, wedding y holiday son las cinco categorías con las que trabajan y suman una novedad aún más atractiva: hacen delivery, la tintorería viene incluída y cuentan con un team de estilistas propio que asesora a las clientas.

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“¡Es lo que viene! La gente busca un buen servicio y acumular ya no va más. Se repite en todos los ámbitos, pasa con Uber, por ejemplo. Es el nuevo modelo de consumo inteligente y yo apuesto a esta tendencia mundial” dice Romina, experta en el rubro.

“Si en Ginebra me ocupaba de la colección y la imagen, en New Dress edito las colecciones internacionales. Es un poco lo mismo, pero de diferente forma.” El espacio queda en Barrio Parque y podés pedir cita por whatsapp u online.

THE VINTAGE HOLE

La feria vintage empezó a hacerse conocida mediante las redes sociales de una de sus fundadoras, Lucía Celasco. Copando Palermo por temporadas y en diferentes locaciones, su diferencial se resume en diseño y variedad: joyitas nacionales y de afuera, tanto para hombre y mujer.

“Empezó como un proyecto de amigas, ahora estamos Luli, Mica y yo. Surgió por el hecho de empezar a renovar y, más allá del carácter sustentable, es brindarle a la gente un acceso a marcas como Dolce & Gabbana, que tal vez no tendrían de otra manera”, cuenta Charo, una de sus dueñas.

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Los proveedores son familiares, conocidos e influencers amigos de la casa, como Flor Torrente, Agus Marzari Bobbio y Clara Darín. “Además, siempre donamos ropa y le pedimos a la gente que traiga alimentos no perecederos para llevarlo a comedores. Al principio trabajábamos con Fundación Sí y ahora colaboramos directamente cada mes. Es que todo el público que viene compra re barato y lo único que pedimos a cambio es, en vez de cobrar entrada, traer un alimento.” Hasta diciembre funcionan en Humboldt 1665 y el año próximo planean abrir un espacio fijo. 

BUNKER

Se autodefinen como moda de segunda mano de streetwear y accesorios. Lo que hoy es un local a la calle con dos pisos comerciales y un tercero como oficina, en sus inicios lo hicieron desde el SUM de un edificio en 2016, cuando un familiar le donó a Julieta todo su vestidor. Esa primera convocatoria evolucionó a un monoambiente en Colegiales, al que se sumó Iara y que este año ya les quedaba chico.

La clave de su éxito reside en la curaduría: “Todo pasa por un estricto control de calidad;  hacemos hincapié en que no se note que es usado y no nos gusta usar el nombre feria. No por malo, sino porque la calidad de la ropa lo amerita”, dice una de sus fundadoras. Hace poco incorporaron ropa de hombres, pero prefieren no diversificarse tanto para poder mantener los estándares.

Instagram juega un papel fundamental para Búnker, ya que cuenta con un ejército de fieles seguidoras. “Las clientas acompañaron nuestro crecimiento, realmente se involucraron y nos siguen a morir porque somos muy transparentes y contamos todo, entonces les copa ver el proceso y los resultados. Fue una gran herramienta para generar confianza, porque la ropa usada tenía mala fama”, comentan. Julieta y Iara están en José A. Cabrera 5045 (CABA), pero también tienen tienda online y hacen envíos a todo el país, plataforma que les significa la mitad de las ventas totales. 

GALPON DE ROPA

El prototipo de feria mejorado para mujer, hombre y niños nació en 2012 de forma online. “Muy poco tiempo después, por la cantidad de personas que empezaron a sumarse, comenzamos a hacer ferias físicas, hasta que dos años después tuvimos la oportunidad de reciclar e intervenir un taller mecánico abandonado para abrir nuestro primer local, en Villa Crespo”, recuerdan sus dueños.

Hoy son cinco locales en Capital Federal que funcionan con “un sistema eficiente, efectivo y transparente para comprar y vender ropa; de ahí surgieron nuestro software de gestión y seguimiento para nuestros clientes y los tres sistemas de venta”. Esto es, si querés limpiar tu placard y tenés prendas que están como nuevas, ellos las reciben y te llevás el efectivo, dejás en consignación o usás como crédito para comprar otras.

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En Galpón de Ropa también hay clientes ocasionales en busca de regalos. “Lo que tiene regalar usado es que más que el objeto, estás regalando valor y conciencia. Es un cambio de cultura y lleva tiempo, pero nos estamos acercando a una forma de consumir moda más respetuosa con el medio ambiente, la sociedad y forma parte de una economía colaborativa.”

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