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MAYDI, DISEÑO SUSTENTABLE ARGENTINO CON SOFISTICACIÓN PARISINA

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Por Josefina Martínez

El tejido artesanal y sustentable by Maydi conquista el mercado internacional con una personalidad que combina lo bohemio parisino y el gaucho argentino. Conocé a la diseñadora y su universo en esta entrevista.

Ser argentina en París tenía mucho charm (…)”, cuenta María Abdala Zolezzi sobre los más de 12 años que vivió en la capital francesa, trabajando en las áreas comerciales de marcas de lujo como Sonia Rykiel, Hermès e Isabel Marant. Nativa de Goya, se formó en publicidad en la UCA y se especializó en moda en el London College of Fashion. Dejando atrás una historia de amor y con el estímulo de sus mentores para crear un proyecto propio, en 2013 nació Maydi, una marca de tejido sustentable for export.

¿Cómo decidiste comenzar una marca de knitwear?

Mi primera pregunta fue qué hago con todo mi bagage de Francia, cómo lo puedo capitalizar con lo que tenemos en el país. Ahí empecé una investigación acerca de nuestras fibras, que son de las mejores del mundo. La sustentabilidad fue un tema muy importante cuando decidí crear la marca hace 7 años, en ese entonces todavía no era algo en boga como lo es hoy en día. También tiene que ver con un amor muy personal por la Argentina, por nuestra tierra. Con los hilados no matamos a los animales, no los sacrificamos, y para mí es un tema vital saber que están preservados y cuidados en su lugar de origen. A través de las esquilas anuales también podés brindar trabajo a las distintas comunidades regionales sin dañar el medioambiente. 

¿De eso se trata la certificación Wildlife Friendly que tiene Maydi?

La certificación Wildlife Friendly certifica justamente todo mi pensamiento, mi compromiso con el medioambiente y que estos animalitos estén bien cuidados. Incluso siempre les pido a mis proveedores de lana que me manden fotos, me hace sentir bien saber cómo están. Y hay trazabilidad en todo lo que es el proceso de la esquila y de la tierra, porque no utilizan productos agroquímicos. 

¿Cuál es el origen de las fibras que utilizás?

La mayoría de las fibras de merino vienen de la Provincia de Chubut, de la Patagonia, las de llama de la Puna y el mohair de Zapala, en la provincia de Neuquén. El hilado de guanaco lo compro en una cooperativa en Mendoza, donde se hace en muy pequeñas cantidades y los animales están protegidos. Estoy tratando de dar a conocer la fibra de guanaco porque siento que es el futuro, es muy costosa pero tenemos que darle el valor que se merece y tratar de desarrollarla, ojalá que como yo puedan venir otros diseñadores. No importo ningún hilado, en Argentina tenemos todo, lo que pasa es que ciertos materiales no están explotados o no los conocemos. 

¿Cómo está integrado tu equipo?

Está compuesto en su mayoría por mujeres, un hombre que teje al telar y seis mujeres que tejen diferentes técnicas. Por lo general trato de que las distintas técnicas las manejen las personas especializadas, por ejemplo, el que teje crochet, teje sólo crochet. No trabajo con talleres sino que directamente con personas, artesanos de oficio que manejan mis diseños. El diseño lo hago cien por ciento yo, pero trabajamos en conjunto en el desarrollo de puntos y tramas. También incorporé dos personas más jóvenes, para impulsar a las nuevas generaciones. 

¿Cómo afectó la pandemia la disponibilidad de materiales?

Fue bastante problemático, algunas hilanderías importantes cerraron, porque no es solamente comprar el material sino que después hay un proceso de hilatura. Lo que respecta al hilado de la colección de invierno, por suerte me stockeé de material y lo pude pilotear. En el caso de la Primavera/Verano, que hago uso de fibras vegetales, realmente fue catastrófico porque no me las entregaban. Toda mi producción se vio en cierto sentido damnificada, por eso estoy retrasada en mis entregas.

¿Quiénes son los clientes de Maydi?

El 75% de las ventas pertenece a Japón, ahora se está abriendo a Corea del Sur, que mira todo lo que hacen los japoneses. También tengo un punto de venta en Bélgica, en Saint Tropez y en la Isla de Venecia, pero Europa todavía está muy golpeada económicamente por la pandemia y los procesos son más lentos que en Asia. 

¿Qué es lo que enamora al público japonés?

Saben apreciar lo que es una fibra natural, son totalmente conscientes y muy sensibles, diferencian un hilado de cashmere de uno de llama o merino. Si bien tienen modernidad, tienen tradición y le dan mucha importancia a lo handmade, en ese sentido tienen una cultura de avanzada respecto del resto del mundo. Valoran el twist o el diseño que le da el valor agregado a cada una de mis piezas, todo el detalle del packaging y la historia de mi background francés. También las morfologías que trabajo en mis diseños están un poco hasta pensadas en el potencial cliente japonés. 

¿Cómo es exportar en Argentina?

Siempre digo que cuando hago los envíos son como partos, le hago unas bendiciones a las cajas para que todo llegue bien (risas). Acá los distintos gobiernos aplican políticas diferentes, entonces es empezar de cero y jugar con esas reglas de juego que por lo general nunca van a favorecer al emprendedor. Además hoy tenemos un dólar de exportación que está muy bajo, entonces a veces se complica con el tema de las divisas. Yo trato de hacerlo de la mejor manera posible para que mis productos lleguen a destino.

Con toda tu experiencia laboral en París, ¿qué aplicás hoy en la marca?

Trabajando tantos años en la industria de la moda en París en el lado comercial, pude entender que a veces un diseñador está muy focalizado en lo que sería el diseño pero no tanto en el producto. Entonces cuando decidí lanzar mi marca, tenía todo ese entrenamiento para poder lanzar un producto al exterior. La marca fue pensada para la exportación desde el minuto uno. París me conectó además con la belleza: las muestras de museos, ver cómo la gente se viste en la calle, estar todo el tiempo hablando inglés, italiano, francés, recibiendo asiáticos, todo eso me enriqueció y me afinó un montón el sentido visual. Mis creaciones están muy basadas en ciertos personajes franceses como Juana de Arco, es ese bagage que traigo de allá con mi esencia argentina, que como siempre digo es el mariage perfecto. Aparte sentía que me ponían una alfombra, porque Argentina estaba ligada al tango, a los años en que Bioy Casares y Borges vivían en París, siempre me sentí muy honrada, vivir ahí y ser argentina tenía mucho charm

¿Qué recuerdos tenés de tu primer trabajo en París? ¿Cómo te resultaron esos primeros pasos allá?

Fácil no fue, quiero mucho a los franceses, pero fáciles no son para nada. Mi primera experiencia fue en una agencia de prensa que lanzó a muchísimos diseñadores de la escuela de Amberes. Era recepcionista y a la vez me llegaban los shoppings que llegaban de las distintas editoras del mundo o de celebridades como Nicole Kidman. Asistí al primer desfile de Raf Simons hace unos 18 años atrás, cuando él era invisible, un poco à la Margiela. Era complicado, como hacer el servicio militar (risas) pero a la vez súper excitante, me permitió entender un montón de cosas, entrar en contacto con estos diseñadores que en aquél entonces eran emergentes, organizar desfiles. Me tuve que hacer de abajo, pero muy enriquecedor y ahí arrancó mi carrera.

Sé que tus jefes te incentivaron a lanzar tu propio proyecto…

Tuve mentores muy grosos que me encaminaron. Trabajé muchos años con Robert Dodd, él fue director comercial de Kenzo cuando estaba Kenzo Takada, de Jill Sander cuando estaba Jill, y siempre me decía: “Vos tenés un taste muy refinado, estoy seguro de que te va ir bien con tu marca”. También una persona con la trabajé en mi última experiencia en París, Patricia Lerat, quien hacía reclutamiento de jóvenes talentos y lanzó a Nicholas Kirkwood entre otros muchísimos diseñadores. Ella me dijo: “Vos tenés que volver a tu país y crear tu marca, como sea. Acá estás muy encerrada en una burbuja.” Se lo agradezco mucho, porque es una persona muy visionaria que me dio el empujón.

Con tantos años viviendo en París, ¿cuáles eran tus marcas preferidas para vestirte?

Siempre me encantó Margiela, soy una fan número uno, tengo ítems de cuando estaba él. En mi época en París tenía una fascinación por Junya Watanabe y Comme des Garçons, de cuando trabajé en ventas en Hermés tengo accesorios y algún twinset de cashmere de la época de Margiela. Después siempre encontraba algún diseñador emergente y sigo comprando mucho vintage, soy una fanática de las camisas vintage de seda de Chanel, me parecen las más fabulosas. En los últimos años cuando fui viajando, como marca de diseñador me empezó a gustar Jill Sander, me siento muy a gusto con sus pantalones y t-shirts oversize. Todo muy francés y muy japonés, en la marca hay un poco de eso y de Margiela, que para mí como diseñador es lo mejor que existe sobre el planeta.

Contanos sobre la nueva colección.

La colección se llama Remanso, es el nombre de la zona del campo de mis padres en Goya, Corrientes, donde pasé un tiempo al final del año pasado. Le puse ese nombre porque me permitió realmente conectar con mi lugar, de donde yo vengo. Es la primera vez que oficialmente propongo una línea para la casa de alfombras realizadas en telar, cubre pies, mantas de sofá y caminos; era algo que siempre tenía en la cabeza y nunca llevaba a cabo, pero ahora la mayoría de las personas pasamos más tiempo en nuestros hogares. También en mis inspiraciones está París a través de Juana de Arco y los cuellos que parecen armaduras, un poco pensando en las vestimentas de aquél entonces y porque para mí ella como mujer representa el poder, el compromiso, las ideas ante todo. Introduje además un color azul noche que representa las noches de verano en mi Goya natal y traté de extender la colección de hombre, que en realidad es unisex. Hice un montón de accesorios, creé una boina que hace mucho tiempo quería crear y no encontraba el punto. Me unen esas dos cosas, lo bohemio parisino y el gaucho, la tierra de la Argentina y lo sofisticado de París. Esa sería la definición de Maydi.

LB Quiz

Una ciudad: París

Un ícono: Jeanne D’arc

Un diseñador: Margiela

Una serie: Ten Percent (Call my agent!)

Una película: Barry Lyndon, de Stanley Kubrick

Un museo: Musée D’Orsay de Paris

Un perfume: Officine Buly, la colección Saint Joseph Charpentier

Una golosina: Chupetines pico dulce

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