Por Juana Dufour
Después de 16 años, Oasis volvió a Buenos Aires y convirtió el Monumental en el epicentro del britpop por una noche. La primera fecha de la gira Live ’25 en la ciudad fue un terremoto emocional para miles de fans que venían soñando con este regreso desde hace más de una década.

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El comeback más esperado
Desde temprano, el estadio ya estaba encendido. Remeras de Morning Glory, banderas improvisadas y conversaciones de “no puedo creer que esto esté pasando”. Richard Ashcroft abrió la jornada con Bittersweet Symphony y dejó preparado el clima perfecto para lo que todos habían ido a buscar: la vuelta de los Gallagher.
Cuando Liam y Noel pisaron el escenario, la ovación fue inmediata. Entre gritos y un pogo que ya empezaba a tomar forma, arrancaron con Hello y el estadio respondió como si esos 16 años hubieran sido apenas 16 minutos.
El setlist: clásico tras clásico
Oasis no se guardó nada. Supersonic, Some Might Say, Stand By Me, Live Forever, Slide Away, Champagne Supernova. Un recorrido pensado para fanáticos que conocen cada acorde.

En Wonderwall, Liam apenas llegó a cantar el primer verso: el Monumental se hizo cargo del resto. Y Don’t Look Back in Anger volvió a ser lo que siempre es acá: un himno colectivo que se canta con el alma.
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Un guiño a Maradona
Uno de los momentos más fuertes de la noche llegó con Live Forever, cuando en las pantallas apareció la imagen del Diego. Un puente directo entre dos pasiones argentinas, la música y el fútbol. La ovación fue inmediata y Liam dejó su frase de la noche: “Son los número uno, incluso sin alcohol.”

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Estilo britpop y vintage futbolero
Si, era un show. Pero también un moodboardandante. Camperas adidas retro, parkas militares, anteojos al estilo Lennon, bucket hats y remeras históricas de Oasis multiplicadas por todo el estadio. El revival britpop convirtió a River en el backstage de un festival británico.

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También brilló el costado futbolero: camisetas del Manchester, casacas retro, banderas argentinas intervenidas con logos de la banda y el look porteño infalible de jean y campera de nylon. River parecía un cruce entre Glastonbury, un recital del ’97 y un festival indie del Konex: caótico, estético y perfecto para recibir a Oasis.
Con tanta estética britpop dando vueltas, solo faltaba una escena icónica para cerrar la noche. Y Oasis, fiel a su estilo, la entregó sin previo aviso.

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El abrazo que nadie esperaba
La escena final fue la que selló la noche. Tras Champagne Supernova, con el estadio todavía vibrando, Liam se acercó a Noel y lo abrazó. Breve, inesperado y completamente auténtico.

Con un segundo show en camino, queda claro que Oasis no volvió solo para repasar sus clásicos: volvió para abrir un nuevo capítulo en una historia que parecía cerrada. Y Buenos Aires respondió como si hubiese estado esperando este momento desde siempre.
