Durante tres días, el Hipódromo de San Isidro se convirtió en el punto de encuentro de miles de fans que vivieron una nueva edición del Lollapalooza Argentina, marcada por la diversidad sonora, la energía del público y una grilla que combinó íconos globales con artistas en pleno ascenso.

El festival volvió a demostrar por qué es uno de los eventos más importantes de la región: múltiples escenarios activos en simultáneo, propuestas musicales para todos los gustos y una experiencia que va mucho más allá de los shows.

Uno de los momentos más explosivos del fin de semana fue el show de Tyler, The Creator, que llevó su universo creativo al escenario con una puesta intensa y completamente inmersiva. El pop tuvo uno de sus puntos más altos con Sabrina Carpenter, que confirmó su lugar como una de las figuras más fuertes del momento con un show sólido, hits coreados y una conexión total con el público.

También brillaron artistas como Chappell Roan y Doechii, que aportaron frescura, identidad y una estética propia que se sintió en cada performance. Por su parte, Lorde ofreció uno de los shows más esperados del festival, mientras que Skrillex llevó la electrónica a otro nivel con un set cargado de energía que transformó el predio en una pista gigante.

La edición 2026 también tuvo momentos destacados con artistas como Interpol, Blood Orange, Addison Rae y Deftones, cada uno aportando su propia impronta y generando climas completamente distintos dentro del festival. Desde el indie más introspectivo hasta el pop más viral y el sonido alternativo más potente, cada escenario ofreció una experiencia única.

Entre los artistas argentinos, Paulo Londra fue uno de los grandes protagonistas, con un show que reafirmó su conexión con el público local y su lugar dentro de la escena.

Más allá de los shows, Lollapalooza volvió a ser un espacio de encuentro: looks, activaciones, experiencias de marca y momentos compartidos que construyen la identidad del festival año a año. Tres días intensos, miles de historias y una edición que volvió a confirmar que la música, en todas sus formas, sigue siendo el corazón de Lolla.

