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LB TALKS: Entrevistamos en exclusiva a Jon M. Chu, el director de Wicked!

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Por Bart Armentano

La gente que sabe de comedia musical suele afirmar que Wicked, en Broadway, decae fuertemente en su segunda mitad; que el desdoblamiento ofrecido por “Defying Gravity” cede el lugar a una sección diluida y menor. Jon M. Chu, entonces, parece haber hecho lo imposible: destruir ese prejuicio con una secuela que iguala, si no es que supera, a su predecesora. 

Cada parte de la segunda película fue un riesgo, y se volvió más grande cuando vimos lo mucho que había gustado la primera”, afirma el director desde una habitación del Palacio Tangara, en São Paulo, Brasil, en el marco de la conferencia de prensa ofrecida a periodistas latinoamericanos, y agrega “Pero esta película no busca repetir esa experiencia. Es otra cosa”.

Nos encontramos en Brasil por una causa muy especial: la premiere mundial de Wicked: For Good, que se celebró la semana anterior con una proyección en el Suhai Music Hall, en una jornada tan caracterizada por la efusividad brasileña como signada por la ausencia imprevista de Ariana Grande a causa de un problema con los vuelos. Pero el faltazo de Ari no opacó el entusiasmo que había en la sala por la película, que estrena el 21 de noviembre en Argentina, o las estrellas que sí dieron el presente, Cynthia Erivo y Jonathan Bailey.

Animado y elocuente, Chu reflexiona sobre haber trabajado con ellos, y se extiende con precisión sobre el detrás de escenas de uno de los fenómenos pop más esperados del año.

 

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Al musical se lo ha declarado muerto incontables veces. ¿Qué opinás del estado actual del género? ¿Qué necesita para procurar su supervivencia?

Desde mi paso por la facultad se declara extinto al género. Un profesor literalmente me dijo: “Estoy acá para que consigas trabajo cuando te gradúes, así que cortala con el musical”. No le hice caso. Para mí es parte natural del camino. Hacerlos da vértigo, porque requieren una pericia técnica imposible y no hay mucha gente que haya filmado dentro del género, entonces aprender implica equivocarse, y yo he cometido muchos errores. Pero el miedo es lo peor que puede pasarle a un musical. Cuando superás la barrera técnica, empieza lo interesante. Los grandes musicales no son necesariamente los más grandes, sino los más profundos: aquellos que habilitan un acceso a la mente del personaje y su voz interna. En “Thank Goodness”, por ejemplo, desmarcamos la voz interna del personaje de la voz pública bajando el micrófono en la mezcla de sonido. Creo que estamos por entrar en una nueva época dorada de los musicales y, tal vez, Wicked tenga un poco que ver. Pero cuando se vuelva a sentenciar la muerte del género, tendremos que seguir filmando. La música nunca va a desaparecer porque es el medio más poderoso, es un lenguaje demasiado fuerte. Cuando hicimos Wicked, me preocupaba que fuera un poco vetusto: yo venía de In the Heights, donde Lin-Manuel Miranda había planteado una visión moderna del género, y el texto de Stephen Schwartz ya tenía veinte años. Pero releí el material porque tenía que descubrir cuál sería mi aporte específico y me resultó muy actual. “Something has changed within me, something is not the same / I’m through with playing by the rules of someone else’s game”. ¿No describe perfectamente el momento que estamos viviendo? Lo que importa no es el género sino la verdad y nuestra conexión con ella. La música cambió, el movimiento cambió y el género tiene un potencial tremendo para la innovación. 

créditos: Agustín Pérez Achurra

Anoche dijiste que para superar esos miedos, un cineasta tiene que asumir riesgos grandes. ¿Cuál fue el riesgo más grande que tomaste como director en Wicked y, particularmente, en Wicked: For Good?

Wicked: For Good es muy distinta de la primera película justamente porque implicó un riesgo mayor. La primera parte es la que tiene los temazos y la estructura que uno espera de una película: es un poco coming-of-age, un poco high school movie, y tiene un clímax gigante al final. La segunda es donde todo eso se rompe, entonces el desafío fue más estructural. Creo que For Good es más próxima a lo que soy ahora: un padre, alguien que está observando el mundo y quiere decir algo sin tener del todo claro qué ni cómo decirlo. ¿Podemos preservar la esperanza aunque no haya necesariamente un final feliz? Todos desearíamos ser Elphaba, pero en realidad nos parecemos más a Glinda: ignoramos lo incómodo y seguimos con lo nuestro. Lo que descubrí en For Good es que simplemente tenemos que buscar lo verdadero. Dado que cierra una saga de dos partes, mi primer instinto fue el de hacer algo grande, con grúas y muchísimo equipamiento. Terminar todo en una nota más íntima fue un riesgo enorme, pero aprendí que a veces hay una potencia mayor cuando el cineasta se corre y deja que las actuaciones se luzcan. 

¿Cómo te llevás con las lecturas queer de Wicked? Muchos fans shippean a Elphaba con Glinda, y la conexión que sostienen es incluso más intensa que en la primera película.

Cuando les ofrecimos los papeles a Cynthia Erivo y Ariana Grande, ni siquiera las habíamos visto juntas en una misma habitación. Tampoco sabíamos que tenían la misma estatura, lo cual me parece una locura considerando las enormes voces que tienen las dos. Asumimos que, cuando finalmente las juntáramos, se iban a odiar o se iban a amar, y en cualquier caso no hacía demasiada diferencia porque el cine se nutre siempre de energía, sea cual sea. Pero su relación fue genuina desde el comienzo. Ellas se entienden en un nivel único porque comparten un don divino, y también la presión constante que conlleva ser famosas en esta industria. Creo que hay muchísimas películas románticas porque son más fáciles de narrar, pero la amistad es mucho más difícil de capturar precisamente porque no tiene un arco tan definido: puede subir, bajar y transformarse… Tenés que estar presente para otra persona, aunque no te “pertenezca” y aunque pueda llegar a traicionarte. Para que una amistad perdure en el tiempo, seguramente tengas que perdonar y ser perdonado varias veces. Eso es lo que siempre me atrajo de Wicked: explora algo real pero difícil de empaquetar narrativamente. El momento en la película que le sigue a “For Good”, la canción, salió de nuestros ensayos y fue improvisado por ellas. Estábamos repasando la letra en vez de cantarla, y me abstuve de frenarlas. Tuvieron ese momento de liberación tan íntimo que empecé a llorar. Ahí supe que la esencia de la película es la fuerza de la amistad, más allá de la lectura que cada espectador quiera hacer. Cuando filmamos esa escena, yo quería verlas a ambas pero eso implicaba derribar una pared del decorado. Lo hicimos igual. Estoy muy orgulloso de ese plano. En medio de una película tan enorme, tuvimos la libertad para tomar decisiones así.

¿Y cómo fue trabajar con Jeff Goldblum ?

Trabajar con Jeff fue trabajar con un ícono. Vive en su propio universo, y llora siempre que habla de El mago de Oz. Si querés un actor que llegue al set con ideas, él es de esos que aparecen con mil. Hay directores como Wes Anderson que quieren que la línea se diga exactamente de la manera establecida, pero yo le daba la libertad para que intente lo que quiera. Michelle Yeoh y yo decimos que Jeff es como una cinta analógica, porque retrocede al inicio de cada escena con cada toma nueva que se filma. Se sabe los textos de todo el elenco, entonces arranca desde el comienzo, por su cuenta, hasta llegar a su frase. Y recién ahí se podía continuar. Fue un placer trabajar con él porque aporta muchísimo. Hablamos mucho sobre quién es el Mago, y llegamos a la idea de que es como nosotros: los narradores. Hay algo en nosotros que busca maravillar a la gente. ¿Es por atención? ¿Por curiosidad? No lo sé. Hablamos mucho del entretenimiento como un espacio de comunión, en donde podemos vernos a través de los ojos de oro y decidir cómo salimos al mundo después.

Ig: Jon M Chu

Mencionaste anoche que muchos géneros suelen representar los miedos y enemigos de cada época, y supongo que eso es más difícil de descubrir en un musical. Pero en Wicked aparece de forma muy inteligible. 

El texto fue escrito hace veinte años, y creo que eso demuestra que una historia realmente atemporal siempre vuelve a ser actual. Pero también es triste ver que seguimos repitiendo los mismos ciclos. Hay obras, como 1984 o Rebelión en la granja, que no hablan sólo de un momento político sino de instintos humanos: quién tiene el poder, quién no, y qué ocurre en ese choque. Nosotros empezamos a trabajar en esta película hace cinco años, sin saber dónde íbamos a estar hoy. Todos traíamos esa experiencia común de sentirnos sin poder, intentando entendernos en un mundo saturado de relatos que intentan definirnos. ¿Por qué la belleza debe verse solo de cierta manera, y la villanía de otra? Pero ahora que se han tomado ciertas decisiones, pareciera que el margen se achicó y creo que eso logró que la película se sienta más urgente. Te obliga a preguntarte: “¿Esto es lo que somos? ¿De verdad el rumbo es este?”.

Ig: Jon M Chu

La gente no siempre advierte lo laborioso, caótico y cuesta arriba que puede ser dirigir, incluso cuando se está haciendo algo tan aparentemente simple como un corto. ¿Cómo navegaste la confección de un tanque así de gigantesco? ¿Y cuál es la mayor dificultad a la hora de filmar en un contexto así? 

¡Qué pregunta! Si me hubieran dado Wicked hace veinte años, no hubiese sido capaz de hacerla. Entrar a la industria sin saber si te ganaste el lugar es como tener un traje de Iron Man: operás desde afuera hacia adentro porque todavía no te encontraste a vos mismo. Y eso es algo que yo entiendo muy bien porque no tuve que pasar por el cine independiente. Gané la lotería haciendo un corto estudiante que vio Steven Spielberg. De golpe, me encontré dentro del sistema y me llevó seis películas entender cómo funcionaba. Recién con Crazy Rich Asians encontré un propósito, y mucho de lo que atraviesa Elphaba en Wicked (como la decisión de integrar o expulsarse de un sistema, y aceptar que nadie salva al mundo solo) es profundamente personal para mí. Hoy agradezco que esta película no me haya llegado al principio de mi carrera. No tanto por algo técnico sino porque también tuve que crecer como persona. Para hacer esta película necesitaba haber entendido el dolor, la pérdida, y lo que puede llegar a doler la ruptura de una amistad cercana. Lo técnico se aprende. Hasta diría que es la parte más fácil. Lo complejo es entender por qué todo eso pasa dentro de la historia. También tenés que amar el género, y entender el movimiento. Ahí entró mi relación con la danza. Cuando filmé mis primeras películas, las de Step Up, mis mejores amigos eran bailarines que hacían poesía en su casa sin ningún entrenamiento formal. Tuve que aprender a verlos, y a entender cómo podía potenciar lo que querían decir con mi cámara. Todo eso terminó confluyendo en Wicked. Mucha gente no cree en ser esperanzado o tener sueños, pero yo sí. Soy el resultado de la generosidad de quienes me prestaron una cámara y me dieron oportunidades cuando yo hacía la tarea en el restaurante de mis padres. Lo último que tuve que aprender fue a trabajar con actores, que consiste básicamente en rendirse. Uno construye absolutamente todo, y en el día de rodaje hay que entregarse. Mucho de lo que vemos en Wicked: For Good surgió así, en momentos que aparecieron durante el rodaje. A veces en la primera toma, que terminó siendo la última.

¿Tenés algún ejemplo?

El “I love you”. No quiero spoilear, pero esa fue una sola toma. Y fue perfecta. 

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