Jay Kay y su tropa funky volvieron al país tras su visita en 2017 con una promesa funk que tendió un puente hacia las nuevas generaciones: el groove no entiende de calendarios ni de ausencias.
Por Catalina Greloni
Después de nueve años de ausencia, Jamiroquai volvió a pisar Argentina por sexta vez y lo hizo con sus movimientos característicos. Anoche, el Hipódromo de San Isidro se transformó en una pista de baile primaveral y a cielo abierto para recibir a Jay Kay y su tropa funky disco, en el marco de su Latin America Tour 2026, a 30 años del album Travelling Without Moving y en las vísperas de un nuevo lanzamiento.

Con las puertas abiertas desde las 17 y los sets de Joaco Burgos y JOY calentando la previa, la banda subió recién pasadas las 21.20, sin prisa ni pausa, para dar comienzo con «(Don’t) Give Hate a Chance» y dejar en claro que la noche iba a ser una rocola bailable por sus tres décadas de carrera.
Jay Kay empezó a deslizarse lateralmente por el escenario con sus clásicas adidas Galaxy OG de brillos, en clave Michael Jackson, un sombrero violeta de ala ancha y una chaqueta de gamuza con flecos por todos lados, que nos recordaron que, aunque pasen los años, el groove y su estilo se mantienen a prueba del paso del tiempo.

Jamiroquai salió a conquistar, desde el minuto uno, con su tradicional formación. Derrick McKenzie, en batería, y Paul Turner, en bajo, armaron una pared de sonido grave y percusiva que hizo vibrar a todo el mundo, seguidos por Rob Harris, en guitarra, y Matt Johnson en teclados. Si por momentos los agudos de Jay Kay se perdían en el aire, la potencia funk seguía en el aire gracias al trío de ángeles con potencia y calor, formado por Valerie Etienne, Hazel Fernandez y Romina Johnson, más el acompañamiento en teclados y beats de Sara De Santis y la percusión carioca de Fabio De Olivera.
«Little L», «Seven Days in Sunny June» y «Space Cowboy» llegaron temprano en el set para activar el cuerpo y la memoria del público, mientras Jay Kay paseaba por el escenario con el carisma y el cariño intacto, tras su paso por Argentina en 2017 por el Hipódromo de Palermo, para la presentación de su álbum Automaton, en su quinta visita al país que, como nos recordó anoche, “son los mejores del mundo”. Sin importar a cuantos paises les dice lo mismo, Jay Kay sabe como conquistar.

El tramo disco llegó con «Alright» y «Travelling Without Moving», antes de que «Canned Heat» y «Cosmic Girl» terminaran de consagrar la comunión entre banda, campos y plateas, en una puesta que apostó más al groove constante que al golpe de efecto o a la charla con la audiencia.
La fecha tuvo un condimento especial, las tres décadas de «Virtual Insanity», el himno que catapultó al grupo a la vanguardia estética de los 90, donde lo conocimos a través de MTV, y también el año en que Jamiroquai volvió al estudio tras casi una década de silencio. El regreso a Buenos Aires funcionó como una bisagra entre la nostalgia pura para quienes lo vimos en vivo 2017, y una ventana para que una nueva generación lo descubra, con la promesa de adelantos de un noveno álbum.

El cierre, con «Love Foolosophy» y «Virtual Insanity» como as bajo la manga, terminó de sellar casi dos horas de show y complicidad en las que quedó claro que el acid jazz, cuando lo lidera alguien que todavía cree en el baile y la música como raíz, sigue teniendo la misma vigencia.
