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Iluminada y eterna: cómo es la luz de rosalía

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Por Catalina Greloni

En una propuesta conceptual que explora el amor, la espiritualidad y la búsqueda interior a través de una fusión de sonidos, Rosalía lanzó su nuevo álbum LUX,  el cuarto disco de estudio de la artista, que la consolida como una de las figuras más influyentes y avant garde de la música global.

PH: Rosalia

“El amor no es consuelo, es luz”, escribió la filósofa Simone Weil en La gravedad y la gracia (1947), una recopilación de sus pensamientos donde también plantea que solo el vacío interior o la renuncia al propio ego permite la experiencia de Dios. Y estas palabras le permitieron a Rosalía catalizar la experiencia del álbum nuevo.

LUX, el cuarto disco de la artista catalana recorre en 18 canciones y cuatro movimientos una fusión de espiritualidad pop, ópera, feminismo y experiencias personalísimas. Un derrotero que sólo ella puede invocar y convocarnos. Convocarnos a pensar, a (re)escuchar cuantas veces haga falta para empezar a quitar los velos, de a uno, para entender de que ésta obra está hecha y tiene para ofrecer.

Tres años después del terremoto Motomami, Rosalía anunció el lanzamiento de un nuevo álbum de estudio, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Londres. La música y productora canta en español, catalán, inglés, latín, japonés, italiano, alemán, ucraniano, árabe, siciliano, francés, chino mandarín, hebreo y portugués porque, es tan curiosa y obsesiva que, necesitó expresar y canalizar cada una de las referencias que tiene en su idioma original. Grabado entre 2023 y 2025 en Francia, España, Estados Unidos e Inglaterra, LUX se inspiró en las vidas de santas de distintas religiones y culturas para hablar de la condición y conexión humana.

Es un disco que interpela desde la mística femenina, la transformación espiritual y la trascendencia, y Rosalía juega con el mundo entero y sus distintas expresiones divinas para hablar también de ella. Su Dios es la música y pone el alma y el cuerpo a su disposición. Se entrega y nos entrega una obra que requiere de suma atención en un tiempo de catástrofe, confusión y falta de foco, junto a los productores de Motomami, Noah Goldstein y Dylan Wiggins, la inclusión de nuevo de Pharrell y EL Guincho para “De Madrugá”, arreglos de Caroline Shaw y Angélica Negrón, la fuerza de Björk e Yves Tumor para “Berghain”, como también la participación de las voces de Carminho, Estrella Morente, Sílvia Pérez Cruz y Yahritza y su Esencia, más Charlotte Gainsbourg y Guy-Manuel de Homem-Christo (Daft Punk) como compositores.

El primero de los cuatro movimientos lo componen “Sexo, Violencia y Llantas”, “Reliquia”, “Divinize”, “Porcelana” y “Mio Cristo”. Con un piano suave, se pregunta Rosalía, en tono confesional: “¿Quién pudiera venir de esta tierra/ y entrar en el cielo y volver a la tierra?”, y setea el concepto del disco. La posibilidad de explorar la divinidad desde un ser terrenal y transitorio, un cuerpo sensible penitente que se mueve entre ambos mundos. Con una base esperanzadora de violines, la Rosa da testimonio en “Reliquia” de cómo hablar de desamor sin desarmarse: “Pero mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy, coge un trozo de mí, quédatelo pa´cuando no esté, Seré tu reliquia”. Inspirado en la historia de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América y a la que se le atribuyen varios milagros, la canción se eleva al final con la ayuda de Guy-Manuel de Momen- Christo (una de las mitades de Daft Punk) con un arreglo glitcheado y drum’n’ bass que suena al de Passion Pit post 2000.

 

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En “Divinize” despega el vuelo poético y la torre de Babel. Entre el catalán y el inglés, Rosalía habla de ver la luz a través de un cuerpo físico. Usa toda la mitología religiosa para hablar de la creatividad como una experiencia de ascenso, de lo particular y lo universal. De integrar la luz y la oscuridad en la vida terrenal. Algo así como lo que la española cuenta en la entrevista con Zane Lowe, en Apple Music, acerca del modo de pensar del artista Leonard Cohen, que decía en su canción “Anthem”, en el disco The Future (1992): «Hay una grieta en todo, y así es como entra la luz». Y si Kendrick Lamar en “Mr. Morale & the big Steppers” usa una corona de espinas de diamantes hecha por Tiffany como metáfora de los pesares de Jesús, en los visualizers de esta balada hyperpop, Rosalía intercede con una aureola dorada sobre su propio pelo. Una especie de ángel despojado que no necesita de artificios externos. La favorita de Dios.

 

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Entre timbales, violines y palmas flamencas, “Porcelana” trae un beat sucio y orgánico tipo “SAOKO” para decir, en latín, “Yo soy la luz del mundo”, una cita bíblica tomada del Evangelio de Juan (8:12), a la que se le suman unas voces de ¿Frank Ocean? ¿Travis Scott? repitiendo “sé que tenés miedo”. Pero la canción se inspira sobre la historia de Ryōnen Gensō, la santa japonesa que se desfiguró su bello rostro para dedicarse a la fe y entrar al monasterio. Por eso dice “Soy la reina del caos, porque así Dios lo quiso”. Siempre está presente el movimiento y la ambivalencia entre lo terrenal y lo etéreo.

Rosalía se obsesionó con la idea de hacer un aria para este disco y esto le tomó un año de estudio. En “Mio Cristo Piange Diamanti” canta virtuosamente en dialecto siciliano para dar cuenta de la amistad de Santa Clara y San Francisco de Asís. A modo de una plegaria, dice “contigo la gravedad es grácil y la gracia es grave” (hola, Simone Weil), y todos quebramos en llanto.

PH: Noah Dillon

“Berghain”, el primer corte del disco en ver la luz,  abre el segundo movimiento como una patada a una puerta. Rosalía canta, en alemán, sobre cómo es ella. Lo divino y lo terrenal entremezclados: ser tierna y dulce como un terrón de azúcar y empatizar con las emociones -la rabia, el amor, la angustia- del ser amado, pero con la idea de volver en eje, a una misma, a través de la intervención divina, y nada menos que en la voz de la estrella que más brilla, la islandesa Björk, que nos habla dulcemente entre los arreglos orquestales, para romper luego la calma con el grito repetitivo de Yves Tumor que le pone voz a una tiradera del boxeador Mike Tyson contra su oponente, Lennox Lewis: “I’ll fuck you ‘till you love me” para enfatizar emociones profundas y provocativas como el deseo, la dependencia, la búsqueda del amor y la vulnerabilidad, todas entrecruzadas.

PH: Rosalía

Este segundo movimiento, más terrenal, parece consagrado a la desilusión amorosa y la búsqueda de reconexión espiritual. Como en “La Perla”, una sierreña de despecha´ con arreglos de vientos y cuerdas, en donde La Rosa arremete con elegancia contra ese galán que le rompió el corazón y la engañó (“el rey de la 13 14”), esa perla de la que nadie se fía, de la mano de los artistas mexicanos, Yahritza Y Su Esencia. Cabe recordar que en Promesa, el EP que hizo con Rauw Alejandro, también se menciona una perla: “…si preguntaras/ yo te lo volvería a jurar/ como una perla/ que volvió al fondo del mar…”¿Coincidencias? ¿Casualidades? No lo creo. Desilusionada, Rosalía piensa en un “Mundo Nuevo”, en código flamenco, parecido al sonido de “De Aquí No Sales” , en El Mal Querer (2018) o “De Plata” en Los Angeles (2017).

 

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“De Madrugá” es una de las dos canciones hecha con El Guincho años atrás (la otra es “La rumba del perdón”) en la que Rosalía se transforma en Santa Olga de Kiev y canta en ucraniano: “No estoy buscando venganza/ La venganza me está buscando…”-, mientras jadea, al ritmo de las palmas flamencas.- “Traigo mil lenguas de fuego”… nos queda clarísimo que Rosa vino a tirar la lengua karateka en varias de sus canciones.

El tercer movimiento se inicia con Dios es un stalker, la focus song del álbum, que calza perfecto en el beat de “Pienso En Tu Mirá”, y donde se pone en la piel de Dios para ser la stalker de la canción, que dice que “no le gusta hacer intervención divina», en referencia a la parte de “Berghain” cantada por la islandesa, Bjork, pero sigue de cerca a su objeto amado. ¿Es Rosalía la fan, devota y stalker de Dios en busca de su devoción o Dios el stalker por omnipresente? O puede que aquí calce otra lectura parecida a la de “LA FAMA”, de Motomami, donde canta “la omnipresencia me tiene agotada”, con entrevistas en todos los idiomas, alfombras rojas y desfiles en cada país, billboards allá donde vaya. El precio a pagar por estar tan alto y en todos lados.

PH: Noah Dillon

A través de una serie de imágenes surreales y expansivas, Rosalía habla en  “La Yugular” de la idea de la infinitud y la interconexión del universo, un poco con la lógica de “El Aleph” de Borges, de un lugar donde caben todos los lugares, y a la vez de la divinidad: “yo quepo en el mundo/ y el mundo cabe en mí”. Dios no puede contener al mundo, pero cabe en el corazón humano. Lo divino es infinito, pero su verdadera morada es el interior del ser humano. Y la catalana lo hace cantando en árabe: “Por ti destruiría los cielos, por ti demolería el infierno, sin promesas ni amenazas”, inspirada en la Santa del islam Rabi´Un al Adawiyya, que promovía el abandono del deseo y vivir el amor divino rechazando el miedo al infierno en el corazón, para cerrar la canción con un audio de la cantante y compositora Patti Smith durante la gira europea de su segundo disco Radio Ethiopia en octubre de 1976 en Estocolmo, Suecia, hablando de atravesar todas las paredes paredes y el séptimo cielo. De perder el miedo.

PH: Noah Dillon

Rosalía regresa en tono intimista con “Sauvignon Blanc”, una canción regrabada a partir de la intervención del dúo francés Justice por errores en la pronunciación, según contó en una entrevista con Billboard. Es una canción pequeña, pero no por ello menos poderosa, que habla de liberarse de lo mundano y terrenal, inspirada en Santa Teresa de Jesús. Habla de revolear los Jimmy Choos, el auto Rolls Royce, el caviar, todo para ponerse al servicio de Dios y de la fe devota, en busca de la felicidad y la iluminación interna.

PH: Rosalía

En “La Rumba Del Perdón”, otra de las canciones co escritas con El Guincho en la época de El Mal Querer, en 2018, vuelve al código gitano para abrir el último movimiento del disco y hablar de su pérdida de fe en el hombre y varias historias de traición: familiar, amorosa. historias de ira, de avaricia, de pereza, de lujuria, con una fineza divina y acompañada por las españolas Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz.

PH: Noah Dillon

“Memória”, la única canción no escrita por Rosalía y en portugués, fue compuesta por la fadista Carminho, en donde le da valor a su paso por la tierra, antes del ascenso final, y canta: “Cuando muera solo pido, No olvidar lo que he vivido”, para darle paso a la coda de LUX, “Magnolias” donde Rosalía decide morir en su nueva piel y hablarle a sus invitados en su propio funeral. Una analogía al cierre de Motomami con “Sakura”, en la que se convertía en diva, pero ahora se va de este mundo contando cómo le gustaría que la despidan: “Ktms quemando rueda, Lágrimas y goma se derriten en la madera/ Gasolina y Vino Tinto/ Puros y chocolate…Tírame magnolias”, con el coro litúrgico de la Escolanía de Montserrat. Y cierra diciendo “Yo vengo de las estrellas, hoy me convierto en polvo, pa´volver con ellas”. Como diría David Bowie, “Ashes to Ashes”.

PH: Rosalía

En La gravedad y la gracia, Simone Weil escribió “El cuerpo es una plataforma de salvación. Si nuestro yo es lo único que de verdad conocemos, debemos destruirlo. Hay que usar el yo para romper al yo”. Rosalía sabe armarse, integrarse, romperse y destruirse para alcanzar esa búsqueda de luz: de conocimiento, sabiduría, apertura, divinidad, y mientras lo hace, nos participa de una obra de arte de vanguardia, pop, atemporal y única.

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