Diez años pueden pasar muy rápido. A menos que se esté esperando un nuevo disco de Frank. El 20 de agosto de 2016 salió Blonde, el segundo álbum de estudio del artista y uno de esos discos que consiguieron algo bastante difícil: envejecer sin sentirse viejo.
Nikes, Ivy, Pink + White, Self Control, Nights, White Ferrari, Godspeed. El tracklist parece hoy una colección de canciones diseñadas específicamente para escuchar mirando por la ventana y reconsiderando decisiones personales.
Pero Blonde no se convirtió en un disco generacional solamente por hacer sentir cosas.

Un álbum que hacía lo que quería
Después de Channel Orange, Frank podría haber ido por el camino más lógico: canciones más grandes, colaboraciones evidentes y hits preparados para la radio.
Hizo prácticamente lo contrario. Blonde mezcla R&B, pop, indie, guitarras, silencios, voces modificadas y canciones que cambian de dirección cuando quieren. Algunas parecen demos, otras conversaciones y otras pensamientos que accidentalmente terminaron convertidos en canciones.
Y después está Nights. Su famoso beat switch se convirtió en uno de los momentos más reconocibles del álbum y en material prácticamente infinito para edits, análisis y personas explicando por qué el cambio ocurre exactamente donde ocurre.
Pelo verde y una tapa que quedó para siempre
Blonde tampoco necesitó una identidad visual demasiado complicada para volverse inmediatamente reconocible. Frank con la mano sobre la cara. Pelo verde. Fondo blanco. Tipografía mínima.

A eso se sumó Boys Don’t Cry, la publicación que acompañó el lanzamiento, y distintas ediciones físicas que con los años se transformaron en verdaderos objetos de culto. Una década después, alcanza con ver ese tono de verde para entender la referencia.
El pequeño detalle de que nunca llegó el próximo
Desde 2016, Frank Ocean lanzó canciones, colaboró con otros artistas, apareció, desapareció, volvió a aparecer, dio shows y generó suficientes rumores sobre nueva música como para mantener a internet ocupado durante una década.
Lo único que no hizo fue lanzar otro álbum de estudio. Así, Blonde llegó a su décimo aniversario sin sucesor.
Y quizás esa espera interminable también explique parte de su lugar actual. Nunca hubo una nueva era que obligara a dejarlo atrás. Mientras tanto, nuevas generaciones siguieron descubriéndolo y canciones lanzadas en 2016 encontraron una segunda, tercera y probablemente cuarta vida en internet.

Entonces, ¿por qué se sigue hablando de Blonde?
Porque pocas cosas unen tanto a internet como Frank Ocean y un poquito de sufrimiento.
Pero también porque, debajo de todo el culto construido alrededor del álbum, siguen estando las canciones.

Y para seguir en mood Blonde
Si después de diez años todavía sigue abierta la discusión sobre cuáles son sus mejores canciones, hay material para seguir.
En Le Banana ordenamos todos los tracks de Blonde, de mejor a peor —una tarea bastante dificil tratándose de este disco.
Leer “Blonde, de mejor a peor” en Le Banana
