Por Catalina Greloni
La diseñadora se presentó en Designers BA desde Ushuaia en medio de la naturaleza fueguina.

Romina Cardillo es una diseñadora de principios: activista anti especista y vegana, desde hace once años lleva adelante una de las marcas más sustentables, éticas y coherentes del diseño independiente local. Y este mensaje lo lleva desde su Buenos Aires natal hasta el Fin del Mundo, que justo queda lo más al sur de nuestro país, en Tierra del Fuego.

En tres días de expedición por Ushuaia, para esta nueva presentación de colección en la semana de Designers BA, Cardillo propuso una experiencia 360° y multi sensorial donde las montañas, los ríos, los líquenes y lengas se integran armónicamente con los diseños minimal y monocromos que se vieron ayer a la orilla de la bahía Lapataia, dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego, en Ushuaia.


Luego de un hiato de año y medio, la diseñadora contó que necesitó tomarse su tiempo para presentar una nueva propuesta de colección sensible y congruente que la identificara. “Creo que logré relajarme, disfrutar el proceso y alejarme de la expectativa pública de “la referente”, el impacto y la necesidad de gustar para habitar el caos y la búsqueda creativa desde el lugar más intuitivo posible. Nos pasaba con Paulo Cueto ー su pareja y socioー durante el proceso de reírnos y de disfrutar como hace mucho no me pasaba”, comenta Romina quien contó ayer, en una rueda de prensa posterior al desfile, que la colección comenzó a pensarse a partir de un viaje a la Antártida, donde la inspiró el vínculo con la naturaleza más árida y su relación con biólogos marinos proteccionistas.
En doce looks de tonos amarillos y rosas desaturados, maíz, bordó e índigo, las siluetas volumétricas combinaron textiles hechos junto a la empresa mexicana Polybion en base a materia prima celulósica, que se obtiene a partir de residuos agroindustriales. No es la primera vez que la diseñadora trabaja a partir de biomateriales o textiles reciclados.




En colecciones previas, ya había experimentado con cueros veganos creados en base a kombucha, descartes de ananá, té negro, azúcar y yerba mate. Es su integridad entre los diseños de siluetas modernas y tecnológicas, su mensaje ecoactivista y la experimentación lo que la ha llevado a mostrar sus colecciones en ciudades como Nueva York, Londres, Barcelona y París, donde quedó como semifinalista del Premio Louis Vuitton Moët Hennessy.


Desde las tierras más australes del planeta, se vieron frunces sutiles en accesorios y tapados, nudos tirantes que ataban prendas, puños y accesorios; también apliques de algas o kelps en rosados que bailaban al viento sobre el frente y mangas de las prendas, más textiles color manteca de texturas burbujeantes. Toda la naturaleza se integró en el discurso y en las prendas, desde adentro hacia afuera.
Entonces la música del show tenía que tener la misma lógica. La artista fueguina Malala Lekander recibió, previo al desfile, a cada invitado con una cajita musical que contenía la melodía de una marea y evocaba la inmensidad de los bosques marinos de kelps, las algas pardas que crecen en aguas frías. De frente al río Roca, interpretó una pieza de cello mientras las modelos se deslizaban por la turba patagónica hasta el saludo final, cuando salió Filipa, la hija de Romina, para saludar a los presentes a modo de legado vivo de una familia segunda generación de creadoras.


La etiqueta argentina refleja el pronombre de primera persona del plural, que lleva como bandera el trabajo y el disfrute en equipo. Un equipo que integra la naturaleza y a sus seres vivos, la creatividad y el mensaje de los grupos humanos con los que trabaja, crea y hace dialogar.
